Aquella noche, las estrellas no brillaban en el cielo africano, era una negra y fría noche. Los focos del vehículo atravesaban la oscuridad iluminando los leones que nos rodeaban, era un grupo numeroso y los rugidos que oíamos nos indicaban que otros se ocultaban en las sombras. La adrenalina invadió nuestro cuerpo cuando una leona corrió hacia el vehículo, parecía que iba a atacarnos, pero no, solo iba al encuentro de otra leona en la trasera del vehículo.
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